Cuando el Mundial de Fútbol 2026 eche a rodar este 11 de junio en México, Estados Unidos y Canadá, millones de personas mirarán hacia el campo esperando goles, emoción y momentos inolvidables. España llega, además, como una de las grandes favoritas tras ganar la Eurocopa 2024, encuadrada en el Grupo H junto a Cabo Verde, Arabia Saudí y Uruguay. Pero este no es solo un artículo sobre fútbol. Es una historia sobre lo que el fútbol revela del momento tecnológico que vivimos. 

Campo de fútbol futurista dashboard de datos

El Mundial 2026 será el primero con 48 selecciones, tres países anfitriones y 104 partidos hasta el 19 de julio. También será el primer campeonato en el que la inteligencia artificial deja de ser una herramienta de apoyo para convertirse en parte estructural del juego, del arbitraje, de la seguridad y de la experiencia de los aficionados.

El torneo más grande y más tecnológico

La escala del Mundial 2026 obliga a pensar de otra manera. Más selecciones, más sedes, más desplazamientos, más público y más datos. En ese contexto, la FIFA y Lenovo han desarrollado un ecosistema digital llamado “Football AI”, con una inversión estimada en 375 millones de dólares, que busca transformar tres dimensiones clave: cómo se arbitra, cómo se analiza el juego y cómo se vive el espectáculo.

La inteligencia artificial aparece aquí como una capa invisible que conecta decisiones, movimientos y experiencias. No sustituye la emoción del fútbol, pero sí cambia la forma en que esa emoción se organiza. El objetivo es reducir incertidumbres, acelerar análisis y ofrecer una comprensión más clara de lo que ocurre en cada jugada.

Para los equipos, esto significa acceder a información táctica más precisa. Para los árbitros, disponer de más evidencias en menos tiempo. Para los aficionados, ver reconstrucciones más comprensibles y vivir un evento más fluido, tanto dentro como fuera del estadio.

Lo que ocurre dentro del campo

La gran revolución empieza en el objeto más tradicional del fútbol: el balón. El Adidas TRIONDA, balón oficial del torneo, incorpora un sensor capaz de enviar 500 señales por segundo al sistema VAR. Eso permite registrar con exactitud el momento de cada toque, una información decisiva para interpretar fueras de juego, manos, rebotes o posibles dobles contactos.

Mundial 2026: al fútbol se juega con datos

A esa información del balón se suma el escaneo 3D de cada jugador antes del torneo. El sistema crea avatares digitales con 29 puntos corporales medidos y procesa su posición 50 veces por segundo. En jugadas de fuera de juego, donde unos centímetros pueden cambiar un partido, esta tecnología promete una precisión de hasta medio centímetro.

El VAR también da un salto importante. Los estadios pasan de 12 a 19 cámaras de alta velocidad, capaces de generar reconstrucciones tridimensionales en tiempo real. La idea no es solo que la decisión sea más precisa, sino que pueda entenderse mejor. Las imágenes se mostrarán tanto en televisión como en los propios estadios, acercando al público a lo que hasta ahora sucedía casi en secreto dentro de una sala de revisión.

Otra novedad será la tecnología Referee View. Los árbitros llevarán cámaras corporales integradas, cuyas imágenes serán estabilizadas por inteligencia artificial para ofrecer la perspectiva del colegiado en tiempo real. Es una forma de acercar al espectador al centro del juego y, al mismo tiempo, de aumentar la transparencia en situaciones complejas.

La capa táctica la completa Football AI Pro, una herramienta de inteligencia artificial generativa disponible para las 48 selecciones. Esta plataforma analiza puntos débiles del rival, desgaste físico de los propios jugadores y patrones de juego para generar informes tácticos en tiempo récord. Todo ello corre sobre una infraestructura de más de 17.000 dispositivos conectados en las distintas sedes del torneo.

Lo que ocurre fuera del campo

La tecnología no se queda en el césped. Los 16 estadios del Mundial operan bajo el concepto de “estadio sin fricciones”: espacios donde el espectador puede avanzar desde el perímetro exterior hasta su asiento sin mostrar una entrada física, mediante reconocimiento facial vinculado al billete virtual y a las credenciales de pago.

También entran en juego los gemelos digitales, réplicas virtuales de los estadios que funcionan en tiempo real. Estas representaciones permiten observar flujos de personas, detectar zonas de riesgo y anticipar incidentes antes de que ocurran. En un evento con decenas de miles de asistentes por partido, gestionar bien los movimientos de público puede ser tan importante como controlar lo que pasa dentro del campo.

Tecnología mundial 2026. Fuera del campo

La analítica de vídeo basada en IA permitirá detectar comportamientos anómalos, prevenir aglomeraciones peligrosas y gestionar accesos vehiculares mediante reconocimiento automático de matrículas. Según el informe FIFPRO Workplace Safety Report, el 98% de los sindicatos ve la tecnología como una herramienta clave para mejorar la seguridad, y el 68% apoya específicamente las cámaras de reconocimiento facial.

A ello se suman robots de apoyo logístico y flotas de coches autónomos para transportar aficionados. Son soluciones que, juntas, dibujan un nuevo modelo de gran evento: más conectado, más predictivo y más dependiente de la gestión inteligente de datos.

El fútbol como laboratorio de futuro

Lo interesante de este Mundial no es solo lo que cambia en el fútbol. Es lo que anticipa para otros ámbitos. Gemelos digitales, sensores IoT, biometría, IA predictiva y analítica en tiempo real no son tecnologías exclusivas de un estadio. Son las mismas herramientas que ya están transformando ciudades, industrias, hospitales, administraciones y servicios públicos.

El deporte funciona muchas veces como un laboratorio acelerado. Lo que hoy se prueba en un estadio con 80.000 personas, mañana puede aplicarse en una ciudad, en un festival, en un hospital o en una red de transporte. En España, LaLiga se ha consolidado como uno de los principales ecosistemas europeos de tecnología e investigación aplicada al fútbol profesional, con una infraestructura de datos centralizada y homogénea que sirve de referencia internacional.

Ahí aparece una conexión directa con nosotros, la Red Circular FAB. Desde el territorio, la innovación no consiste solo en observar las grandes tendencias, sino en traducirlas a necesidades reales.

Porque la tecnología no pertenece solo a los grandes estadios. También pertenece a los municipios, a las empresas, a las personas emprendedoras y a quienes se preguntan cómo será el futuro. Y desde la Red Circular FAB, ese futuro se mira con curiosidad, con sentido práctico y con una idea clara: innovar también es acercar lo que parece lejano al lugar donde vivimos.